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La gran mentira



 
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Blacaman
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Registrado: 06 Sep 2002
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Ubicación: Barcelona

MensajePublicado: Vie Dic 10, 2021 09:45    Asunto: La gran mentira Responder citando

Voila! Qué es el tiempo, lo racional? Saludos a los viejos fantasmas, hasta el próximo lustro!!

LA GRAN MENTIRA




Sí, el día, bueno, yo sabía que por ahí no íbamos bien… el día había transcurrido con hermoso frenesí, y, ahora, mientras el equipo de maquillaje…, no todos a la vez, claro, no compliquemos la cosa, bueno, van apareciendo postizos sobre mi jeta, barnices, empolvoramientos, y uno ríe ante el espejo ejecutando una sonrisa equina y belfuda. Y mi querido Alfred no me quita ojo de encima, uno de ellos, bueno, que cosa digo, uno de los dos, porque con el otro recorre su cuaderno, sus registros, sus pestilencias de amanuense. Mi buen amigo Alfred. Digo que entonces, bueno, la mañana se me repetía como el ajo en forma de proyecciones, sin ningún orden especial como en otras circunstancias, los verdes pastel de Hyde Park daban lugar al azul metálico y maloliente del Támesis, pero volvían a tomar presencia en la chaqueta del soldado centenario y caquéxico al que había gritado con viva emoción, aunque sobreactuando “thank you sir” en la cubierta el HMS Belfast. Uno no puede escapar a la vergüenza histórica, incluso este pequeño país taimado y de reprobable recorrido tiene una muesca en el vitral de la gloria. Y que decía, eh.., sí, los rojos de la Guardia Real reaparecían luego en los manteles de The Mayflower, resonando por turbación de los sentidos una vez más el bombo y platillo marcial, las doradas trompetas, y donde, ya sabía yo que…, bueno, la cerveza negra me parece insípida pero es cosa de probar, agua de fregadero, bueno, hay que ser buen huésped, buenas fotos para la prensa, The new Caruso, yeah, oh shit, pero yo no tengo un perdigonazo en la barbilla, así por destacar, no niego mi tendencia a unificar las cejas en una, pero, bueno, en fin, uno no viene muy a menudo a Londres.
Y…, entonces ya me han puesto la casaca dorada y los escarpines y flexiono los brazos como si me abrazara a mí mismo, digo: si esto tiene que reventar que lo haga ahora, ¡ja!, no sea que… this is going to blow away… Y, nada, entonces dan la señal, y me despido de Alfred, my dear manager I see you later, con una floritura versallesca, pero este tipo no sonríe, nunca sonríe, y su ojo derecho, gigante por gracia de la refracción de la luz en el whisky aguado de su vaso en alza, parece haber sido hurtado de lo de Madam Pompidour, que digo, Tussauds.
Y uno sale de sopetón, no es que sea así, subrepticiamente, no, no, es que uno va atontado, crispado de feliz nerviosismo, y lo echan a uno a bocajarro al escenario del Albert Hall, ¡el maldito Albert Hall!, si ya decía yo que no… y es como ser expelido en un instante en mitad del cosmos, donde una expectante masa semioscura de estrellas, calvas, binoculares, relucientes cabelleras y partículas galácticas emite fosforescencias, vagos destellos irisados, nimbadas auras… te sobrecoge.
Y entonces te das cuenta, te lo dice esa voz tuya tan ridículamente sobria, bueno, el sensato imbécil que habita en ti, dice: tú no sabes cantar, gilipollas, no tienes ni puta idea de cantar, y miras nerviosamente hacia la orquesta que ha comenzado a desplegar sus alas carroñeras sobre el público, en círculos amenazantes, y algo pérfido se alberga en la sonrisa esquinada del director, en sus cabellos de nieve del infierno, y bueno, está uno completamente paralizado, una momia vestida con una casaca dorada, y claro, por mucho que mueva los ojos en lentos y precisos círculos, bueno, esto es lo que... Ni siquiera es miedo, pues el drama es por completo desproporcional, quizá se podría hablar de ataraxia por mediación de la histeria, que cojones sabré yo, pero, en fin, el veneno de un áspid ha congelado mi espinazo.
Venga, que cosa… ¡Caruso barrita de manera disfónica! Pero si sostengo esta tensión por un segundo más me desmoronaré como un edificio en demolición. Es mejor que todo acabe pronto, ni bien sea en el peor de los espantos…
Así que ni bien el fagot termina su traidor y envenenado fraseo y la chica esmirriada me da paso con un golpe de platillo, tres mil pies de altura, cinco mil, desde el hueco de la avioneta veo los tapetes verdes allá abajo, he de saltar, salto, no llevo paracaídas, bueno, en fin, que cosa…, abro mis cavernosas fauces y emito un inarmónico alarido chirriante, el estertor deleznable de un sol en agonía se proyecta sobre el basto firmamento.
La orquesta se detiene, se encienden unos reflectores de campo de concentración, poca broma tú, que tampoco es cosa de… Ya he muerto, nada más puede ocurrir, nah, el Big Ben no es tan big, bueno, ya, lo de Ben sería para discutirlo en otro momento… Y mira, que momento, soy envuelto por un ejército de operarios al mando de Alfred, que me mira con ojos de goma, incluso con los dos a la vez. Soy retirado del escenario, ocultado como una pústula, no iba a acabar bien esto, God saves the Queen, ya, bueno, alguien trata de tranquilizar al público por los altavoces, que ha habido un pequeño contratiempo, que enseguida, ja, hijos de puta, si no sé cantar, no tengo ni puta idea, Le bel canto, bla, bla… que os den... junto a la tumba de Dickens, en la vieja Abadía, yo le había preguntado a la losa, acercándome quizá como si fuera un interfono, sí, ya se veía, le dije al viejo de cabellos emparrados, digo… tú de verdad sabías escribir?, tú eras un gigante en zapatillas de fieltro, demiurgo de las chimeneas y las cloacas. Pero yo no sé cantar, Alfred, no te molestes en darme sopapos para hacerme reaccionar, deja de acercarme efluvios, a ver si se me escapa a mi uno, oh Nelson por qué permaneces encaramado a una columna como un anacoreta, porqué imitas a Bonaparte con tu mano derecha remetida bajo el chaleco, yo no sé imitar, Nelsi, todo es demasiado real, la realidad delatadora. Ah pero quizá el whisky de Alfred, qué has echado aquí viejo chiflado?, digo, bueno, quizá me está sentando bien, porque ahora ya todo se ha perdido, la humillación es descanso, paz, la derrota es alegría, bueno, todo es alegría salvo la transición; un hombre gordo se desvaneció en una de esas cabinas de color rojo, los tambores marciales, el Sunday Roast, no, nada importa, bueno, y Alfred me dice que por supuesto que no tengo ni puta idea de cantar, que eso lo tenemos bien claro desde el principio, nunca he tenido talento, ni voz, ni la más mínima intuición de lo que es la armonía, y nunca, a buenas horas ya, voy a desarrollar esas capacidades, bueno, pero eso no debe importar, dice Alfred, lo que importa es la mentira querido, ya lo has hecho cientos de veces, sal ahí de una puta vez, con tu puto desparpajo, saca el demoledor cínico que habita en ti, Paganini no tenía ni puta idea de tocar el violín, se dejaba dominar por el demonio atroz de la mentira, derretía las almas con el fuego de la falsedad, a fin de cuentas el más verdadero. Sal ahí fuera Goliat de la hipocresía…

El fagot termina su lánguido y espiritual fraseo, una ardilla de Saint James Park cruza por el césped de mi imaginación, lentamente, como esperando recoger la primera gota del chaparrón inminente, la chica canija hace chocar los dorados platillos, y bueno, compongo mi diafragma, cuanto más drama mejor, hago una floritura versallesca, pasan unos segundos de absoluto silencio donde escucho para mí como se rompen todos los edificios de Londres, y veo arder obscenos muñecos de cera bajo las grutas de la emponzoñada London Tower.
Abro la boca, por fin, bueno, ya se veía venir, ja, y mi garganta comienza a desgranar la más hermosa aria impostada que jamás nadie haya no cantado…
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